Todo a su tiempo .

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Corrí sin detenerme, sin voltear atrás, solo tenía la mirada al frente. Avance algunas cuadras pues la falta de aire me detuvo. Me refugie bajo una cornisa que tenía el zaguán abierto. La poca luz en la calle me ayudo como camuflaje, ahí espere los minutos necesarios.

Me seque el sudor, sentí húmedos los dedos y mi ropa llena de sangre. En un tiempo pertinente salí del refugio y busque un teléfono de esquina para marcarle al “gato”, mi compañero de cuarto. Por fortuna andaba sobrio y resucitado (no se drogo, quizás por falta de dinero), nos veriamos en el Mercado de Carnes del centro.

¡Pendejo!, me dije. El lugar donde vería al gato, es muy concurrido de policías y demasiada luz. La ropa me delata tengo que buscar un plan B, si quería seguir en el juego y vivo.

Hasta la borrachera se me bajo…no era para menos, no había matado ni a una mosca y menos a un cristiano. Bueno hasta hace unas horas. Pero qué más da  asesinar a los que se dedican a asesinar con drogas a inocentes, a los más jodidos del planeta. Si bien, no seré merecedor de alguna estrella por buen ciudadano tampoco me deja remordimientos.

Dios me oye a pesar de todo. Aquel borracho de la esquina tendrá que hacer un trueque con su ropa o vera al tigre.

Cuando me encontré con mi compañero aquel no aguanto la risa al verme vestido de mendigo. Mientras le relataba el problema su risa trataba de ocultarla tapando su boca, pero las muecas en su rostro lo delatan. La única salida según él, era pedir ayuda al “Calvo Monjiote”, líder del cartel de abastecedores, cuyá relación con los polis y los narcomenudistas del negro mundo podría resolver el problema.

La adicción es un monstro, no importa si eres buen chico o hijo. Ya qué, de algún modo mi final no será como en los cuentos de hadas, dónde los sapos se convierten en príncipe con un beso.

Una vez lo intente. Me aleje de todo lo podrido intentando buscar el lado positivo,  fueron pocos los días  en mi puta vida. Hice sonreír a mi jefa y me gane un beso .Ha sido el único que me supo a gloria, porque después de llegar drogado  aquel día negro, minado mi ser, una espinosa mano le rompió su frágil boca con una bofetada.

Mi mente se va a lugares oscuros siempre.

¿Qué porque estoy en este embrollo?, por pendejo diría. Ya estaba en el carro con el motor encendido, después de tanta droga embutida y  las ganas de orinar y  justo en el baño, que entro, y veo tendido en el suelo al “pelón” y encimados cañoneándole su cien los que me buscan. Por suerte traía  parque la pistola.

A las dos horas de pactar con el Calvo Monjiote, y estar resguardado dentro del mercado, la noticia que atraparon a los sicarios me dejó sobrio de nuevo. Cuando llegue el “gato” ya estaba. No se veía bien, le temblaban las manos, un golpe en el pómulo la evidencia.

–¡Pero éntrale a lo barrido amigo!—con sarcasmo se dirigió a mí–. Le daba vueltas a su revolver con cacha de oro, y simulando apuntarme, me dijo: “¿Estos son los bueyes que te persiguen?”…vaya coincidencia, si yo los contrate para cazar unas ratas, que han hecho su nido a costa mía.

A veces la libertad cuesta. Era el momento de correr bajo la lluvia (aunque no esté lloviendo) y correr hasta el último aliento.

¿No sé de qué hablaba?, pero no había chance para demostrar inocencia. Sabía que la riqueza tan rápida de mi amigo no era de trabajo digno. Sin nada que decir, quede frente al Calvo Monjiote, abrí los brazos y solo esperaba la detonación final. Mis 25 años, no sé si son justos pero todos pagamos deuda un día.

Cerré los ojos  y sentí húmeda la camisa otra vez. Lo primero que vi, fue el cuerpo del “gato”, en un charco de sangre. El líder narco pasó a mi lado y solo se detuvo para decirme: TODO  LLEGA A SU TIEMPO…el tuyo, se detuvo antes.

 

 

FIN .

JOSE  GARCIA .

 

 

 

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Las hojas revueltas .

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El pequeño condado de Cordel, al norte de los valles de  Azoa, ayer lucia bosques extensos y verdosos, donde en días de escaso Sol se vuelve un desierto de hayedos, abetos y sauces glaseados por la nieve. Los vientos frescos en círculo remueven las últimas hojas vivas de  las secas.

Ahí, se levantaron altas torres de acero sosteniendo largas láminas de asbesto. Poco a poco fue tomando forma y vinieron a remplazar  aquellos bosques apiñados. Nacía la fábrica de autos “RENFAL”.

Mi padre era ferroviario en aquel tiempo por lo que viví en diferentes ciudades. Al ser huérfana, me eduqué en colegios de señoritas; estudie secretariado por orden de mi padre ya que siempre mencionaba; ¿Cuándo quedes sola, quién te cuidará? ¡Nadie¡… ¡estudia algo!

Si bien me independice, tuve la fortuna de trabajar; aunque me alejo de mi tutor. No estaba distante a su centro de mando pero  los años le iban cobrando la factura en su rostro cansado y desolado,  era mi único pendiente. ¿El amor?…claro lo conocí, pero después de un par de años supe que no era el tipo que soñé. Me cegó su mirada, sus ojos cafés, todo él. Sus manos se transformaron de suaves rosas a fuertes vientos que dejan huella en el rostro, imborrable.

La noticia de la enfermedad de papá fue un pretexto para dejarlo, y no me arrepiento de ir a su ayuda. Le faltaban pocas lunas para su pensión, por lo que había que buscar trabajo.

Gracias a dios no tarde para ello.

Me asignaron un puesto de secretaria en la fábrica de autos. El horario y la paga no holgaron la soga de deudas en la casa, pero podía respirar. La salud de mi padre agravó pero sus pilas aguantaban  hasta que terminara mi horario y llegara a casa.

Parecía que los malos momentos se van quedando atrás, si bien no había prosperidad en abundancia, había  paz y buenos proyectos por delante. Pero bien dicen: no todo es miel sobre hojuelas. La noticia del cierre de la fábrica subía de decibeles, se decía, que, por ayudar a los trabajadores en la construcción  de sus casas y los malos manejos financieros la llevaron al abismo.

Cierta mañana al presentarme a mis labores ,decenas de obreros caminaban en círculo cargando carteles de “ arriba los salarios”, “fuera los malos jefes “, habían levantado la bandera de huelga, encadenaron los accesos, asentaron  casas de campaña y fogatas para apaciguar los helados amaneceres, hasta nuevo aviso.

Papá, se hundió en la tristeza y la preocupación por mi futuro.

Una mañana me dirigí al centro del pueblo para mirar cualquier cosa. A paso lento por las tiendas, me atrajo una máquina de escribir icónica  plegable Corona-3. La observe buen rato, una atracción inexplicable me erizó la piel, por lo que solicite tenerla de cerca y tocarla. En ese instante las yemas de mis dedos quedaron pegadas a ella.

Por la ventana todas las mañanas sabía de la situación de la fábrica, los rostros caídos de la gente que iba y venía lo denotaba.

Había dejado de escribir cuando me despose. Escribir me alejaba del mundo injusto, doloso, inhumano…pero me acercaba al amoroso, al de sueños y lucha. Aquella máquina de escribir me ilusiono nuevamente; por lo que busque un rincón, un sitio solo para mí donde pueda con la mirada cambiar tantas cosas  y en una hoja de papel transcribir mis emociones futuras.

Coloque la hoja en la recién compra, por su antigüedad la creí dura, pero no, la sentí suave como un recién nacido, cómoda en sus teclas. Había algo que me dejaba áspera cuando apartaba mis dedos de su cuerpo. Tocarla me deja poseso, sin pensar, comenzaba a escribir palabras, palabras, que no había pensado. Mis ojos se quedaban fijos en un punto, no pestañeaba, respiraba pausada y  volvía en mí después de diez hojas plasmadas.

No recordaba nada en ese breve tiempo, quedaba atrapaba en  las líneas recién escritas. Se volvió una rutina.

Me sentaba a escribir sin parar hasta que se  completaba lo de siempre. Me enojaba no recordar nada. ¿Por cuantos días anduve así? –no lo sé– pero me preocupaba no razonar. Me alejaba de los cuidados de papá y en su mirada me lo hacía sentir. Como que percibió algo extraño…

Aquella noche sin pegar los ojos, miraba los paquetes de hojas escritas sobre mi escritorio. Desde que compre aquella máquina no comprendía las palabras, no tenía sentido. La historia mencionaba a una chica huérfana de otra época y su desdicha, y en cambios bruscos, la misma chica con un anciano en tiempos modernos. Pero me erizó la piel, leer las situaciones inexplicables: “la chica en un cuarto, sepultada entre miles de hojas “.

No entendía, por lo que tomé la decisión de dejarla como adorno  cubriéndola con una tela y la promesa de no tocarla más. Cierta mañana al abandonar el cuarto de papá, me dirigía a la cocina; sentí escalofríos al pasar por mi cuarto. La puerta entreabierta, al asomar, la funda que la cubría salió volando… me golpeo la cara haciendo que se me cayera la taza de la mano — de pronto– los paquetes de hojas  levitaron, dando giros  en forma de remolino hasta cubrirme  el cuerpo…

Cuando abrí los ojos, el ventilador de techo estaba inmóvil, la luz del buro apagada, las ventanas abiertas de par en par, el aire entraba y salía como cierzo levantando las cortinas como ramas bifurcadas, rebeldes, en una noche seca y sombría.

Me puse de píe, y caminé  en un mar de hojas escritas que  inundaron  todo el cuarto… y mis tobillos.

 

FIN
JOSE  GARCIA.

 

 

 

Los tres Reyes.

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Melchor, Gaspar y Baltasar Reyes, tres hermanos diferentes en todo. No pasaban de los 15 años, y aunque asistían a la misma escuela del pueblo, no se juntaban más que para acompañarse en el trayecto. Melchor, el vacilador siempre, le gustaba enojar a sus compañeros de salón, por eso los constantes castigos de la mamá.

Gaspar, el tímido, sólo hablaba para dar las respuestas correctas de la tarea, ahí, ni que discutirle… ¡todo un genio! Por su timidez sus hermanos con artimañas se aprovechan de él, cargándole  de quehaceres, el aseo de los corrales, sacar agua del pozo, bañar a los cochinos, lo que más odia.

Baltasar. El que anda siempre hosco, nada le es positivo, le molesta que los otros sonrían, que sientan un abrazo cariñoso y, que personas lo busquen, pues a pesar de todo tiene un don que  no ha descubierto.

Cierto día al salir del colegio en el trayecto a casa, al pasar por el río que divide ambos lados; Gaspar se retrasó. Le detuvo el llanto de un recién nacido envuelto en grandes hojas de plátano. ¡Lanzó fuerte silbido a sus hermanos que habían navegado en su balsa al otro extremo!

Los tres se quedaron contemplándolo, se hacían preguntas: ¿Cómo, que deben hacer? ¿Tendrá hambre? –Melchor en su tono de siempre, dijo– ¡Ya sé, vendámoslo!.. ! Ja,ja,ja ¡

Gaspar dulcemente comento, que lo mejor sería llevarlo con el sacerdote del pueblo para su cuidado…no había terminado de hablar cuando interrumpe Baltasar, –“¿mejor guardémosle en el pajar  mientas pensamos que hacer…?”

Le consiguieron un almohadón que colocaron dentro de un huacal de madera, una colcha de franela, y en una mamila que guardaba su mamá de recuerdo; leche de cabra caliente. Los hermanos no creían lo que veían.

Baltasar, el menos sensato se preocupaba por aquella criatura. Pero como siempre, dando órdenes decía:”! Vigilen la entrada ¡, ¿no tan caliente ,abrígalo bien?…cosas así”.

Aprovechando que todos dormían, sin hacer ruido se dirigió al pajar. La noche estaba fresca, estrellada. Le llamo la atención como tildaba a lo alto una luz más blanca, celestial. Al abrir el portón, miró alrededor de la cuna improvisada a un par de patos, gansos, conejos, y algunas golondrinas que  parecían arrullar con sus trinos a su huésped. Quedo asombrado. No salía de ello cuando  una pareja de campesinos acompañado de  Gaspar, con alegría en su rostro se  acercó.

Angustiados  relataron como se separaron de su hijo. Venían de los embarcaderos, son tianguistas de  esencias aromatizantes. Por una avería en el bote, buscaron la orilla para repararlo. Recostaron al niño cubriéndole del frio, por el peso bajaron sus barriles. De no ser por unos cuantos perros rabiosos que los obligaron a resguardarse, y la corriente que los arrastró, su bebe no había pasado por esto. Al regresar ya no lo hallaron. Fue hasta que su hermanito preguntando en el pueblo dio con nosotros.

Cuando los padres abrazaron a su vástago, la mujer sacó de entre sus cosas una planta de olíbano, un pedazo de árbol de mirra, un dije en forma de corazón de color oro  y se lo obsequio a Baltasar en el instante que una paloma blanca se posó en su hombro.

Ahí descubrió, que el don que siempre ha tenido: el de saber amar

… seguramente lo pondrá en práctica desde hoy.

 

FIN .

JOSE  GARCIA .

 

 

 

 

 

 

 

 

A CIEGAS .

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El sonido del semáforo acústico lo alerto para cruzar la calle. Con el corazón desbocado de miedo, coloca un píe en el pavimento al tiempo que, su bastón  inteligente da golpes para alertar a los caminantes.

El primer obstáculo librado, pensó. No había dado los consecuentes pasos, cuándo su zapato quedó atascado en una defectuosa alcantarilla que lo hace trastabillar… por suerte manos amigas se hacen notar, mueve el dedo índice de lado a lado, indicando que no lo hicieran.

Sosegado, dispuso al frente su bastón e inicio el trayecto. Rememoro los puntos para llegar, se sentía molesto ,los  golpes al caminar , similares a ramas de árboles en violento vendaval que lo dejan sin postrero aliento.

Ahí estaba, no sabía si de primero o de último. Sólo escuchaba como rechinan las puertas por falta de grasa, y las pisadas parecidas a caballos desbocados, presurosos buscando una salida. Alza la voz, pidiendo informes –es el paradero de su ruta– Respira sintiéndose aliviado.

Una odisea permanecer en el autobús, al menos, un alma educada le cede el asiento, no era el indicado pero se reservó el derecho de réplica. Anuncia que bajará en( X) lugar, los oídos vivos  van sondeando el trayecto junto al acompañante de banca, qué entre dientes le responde.

Sus pies en la banqueta han descubierto tierra firme. “Lamentablemente”, en la parada no hubo dispositivo sonoro que le  avise. Según su cálculo unos veinte pasos de frente y llega a la meta .

Lo reciben con aplausos.  Se quita la venda de los ojos  ,mira indiferente al pequeño grupo de políticos …solicita un micrófono y  comienza diciendo:

 

“Al amor lo pintan ciego y con alas. Ciego para no ver los obstáculos y con alas para salvarlo” .

 

FIN

JOSE  GARCIA .

 

LA MODELO .

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Tenía que atravesar aquel callejón sin luces desde temprano si quería llegar a tiempo a la escuela Bancaria. Un par de piedras en las manos, no se sabía cuándo, un  perro hambriento sale al encuentro, o algún vicioso del barrio recién abría los ojos por tanta droga en el cuerpo.

Cansada de su situación de pobreza, buscó en el estudio la manera de desahogar su coraje ante la vida. Si bien, su familia no era un ejemplo de superación, lo contrarrestaba, soñando despierta. Al cierre de la cordelería donde laboraba su padre, la situación económica y su alcoholismo, separaron los lazos. Ante la falta de recursos, su madre se dedicó a trabajar como mesera y de ahí, a abandonarla a su suerte. Una tía, la adopto. Su vida siguió igual, o más jodida que antes. Las humillaciones, los golpes, le forjaron una mirada de odio, y en vez de buscar salidas fáciles, luchó y luchó por salir del hueco, de cualquier manera.

En una velada teatral  del colegió se dio a conocer. Ganó una beca para estudiar modelaje en bellas artes. Lo que siempre había querido hacer. Practicaba en el espejo del baño, inventando poses, gestos, y movimientos. Sin  más  repasaba revistas, documentaba su sueño para alguna oportunidad que se presente.

A sus casi 20 años, de una figura admirable, las miradas masculinas lo avalan. Un seudo- productor la invito para unas pruebas cierto día.  No iba a dejar pasar esta magnífica oportunidad. Se presentó con su mejor prenda encima, una sonrisa estilizada y la mirada de “todo o nada”.

Cuando la miró, recorrió con la vista toda ella, se le acerco, le tomó la mano, dio media vuelta sin dejar de admirarla. Se presentó como Jean Marsel , la llevo hasta su convertible estacionado en la parte trasera del teatro. Sin más palabras se abalanzó sobre su presa que sin resistencia, pacto su futuro.

Despertó entre sábanas blancas y olor a tabaco. Se levantó de la cama evitando despertar a su acompañante, que hasta ese momento supo cómo era. Su pelo blanco y rizado, lo único bien parecido. Bajó las escaleras, miró cada rincón con cierto lujo, y sus pies por primera vez caminaron sin llagarse.

Con agua caliente quería matar toda bacteria en su piel. El paso estaba dado.

Al menos en la cartelera su nombre se leía con letras pequeñas. Los papeles eran cortos, pero no le mintió el tipo. Sé retrasaba su estrellato por la delicada salud de su productor, amigo, amante y dueño. Tenía que aguantar ese embrolló. Al dejar su ciudad, en la capital no tenía a nadie más que a Jean.

Las fiestas sociales  cada vez inmundas, degradantes, donde el esnifar aquel polvo, el alcohol y  sexo, era obligado. Ni mil baños borraban las huellas ajenas.

El vicio se tatuó en ella, descuido su figura comiendo en exceso de todo y haciendo de todo. Su acompañante cada vez más lívido, la abandonaba, buscaba otras gacelas.

Aquella mañana, estiro el brazo buscándolo en la cama, sólo halló un sobre y una rosa roja a su lado:

Querida gacela, No quise despertarte. Hemos sido vampiros por un tiempo, pero ya la luz hace mella en mí, me voy lejos de Transilvania, en busca de tierra sagrada. Te dejó cierta cantidad para que comiences de nuevo…Mañana vence el alquiler, ya tú, sabrás. Te quiere…Jean “

Arrojó la carta en el escusado y en un maletín de ruedas empaco lo dispensable. Mientras esperaba su taxi particular ,se retocaba el rostro en su espejo de mano, se miró el cuerpo despreciable , reflejo de lo que siempre vivió : !pura mierda¡ .

En el camino seco sus lágrimas, entretanto su alma recupera el aliento…

 

FIN

JOSE  GARCIA .

 

 

 

El Espejo.

Y ante el, nada se puede reclamar. Lo que se mira es lo real, claro con dinero todo cambiaría. La manzana de Adán  no ha caído, pero ya cuelga. El albo de mi cabello con sus entradas de vientos gélidos, deshojan una a una el  pelaje todavía vivo.

En cada marca del rostro está escrito un pasaje silencioso. El tiempo el único que se renueva, se fortalece para mirar los pasos desde cualquier ángulo. Ni mil afeitadas alisan la mirada, ni mil porciones humectante  suavizan el pellejo. Tiempo, una sucesión  de estados por lo que pasa la materia.

Alguien invento los colores para resurgir los girasoles.

Dejé mi cuarto de guerra y explore las dos mudas de ropas tendidas en la cama. Un conjunto en blanco y otro en azul. Los resortes elásticos disimulan lo holgado de mi masa, las valencianas de los pantalones de pliegues a la cintura, esperan a mi saco de grandes solapas y hombreras.  ¡Ah!  Me llenó de asombro mis  zapatos resplandecientes .

Una penúltima mirada al espejo, si, igual que ayer. Los caballeros medievales jamás salían sin su armadura completa. ¡Listo, faltaba el sombrero de fieltro !.  Y ahora si, a raspar la suela en el salón. Cerré la puerta  me dirigí a las escaleras. Los 15 escalones se me hacían feroces dragones, había que vencerlos  así que, tomando el poco aire no contaminado, con mi bastón en mano los desafié.

Volví a sentirme vivo. Verme como siempre, sentirme como siempre, solo mi vestimenta de “pachuco” lo lograba. Las  miradas de las gentes anormales los sentía como árboles en un bosque solitario, dónde permanecen en píe…pero muertos. ¡Yo, no!.

FIN.

José García.

A Mano .

“Todo está listo. El pan francés que se hace en la panadería “La Isabelita “, tiene un toque especial, desde la pesada, la amasada con harina y manteca vegetal sobre la mesa en forma de bolitas para dejar caer el antebrazo y darle forma alargada al francés… y su secreto: la tira de palma de huano—si no tiene esta tira, no se considera pan francés, sino bolillo—que le deja un sabor salado durante su horneado”.
Don Elías y su familia vinieron de Ixil, una comisaría de Yucatán. La tierra no daba para los frijoles por lo que abandonó el trabajo labriego de sus ancestros, y con el oficio de panadero instaló una pequeña panadería en la ciudad.
Emilio, el hijo mayor -a quien le apodábamos “El gringo”¬¬- todas las tardes andaba en su triciclo y en él, su globo hecho de aluminio lleno de pan dulce y pan francés que a vuelta de rueda pregona en la colonia con el sonido de su “chicharra”.
Cada viernes al terminar la venta, tomaba su bicicleta vagabundo, “la de llantas largas e inclinadas adelante”, su bulto de “hamaca tejido” sus zapatos de futbol y marchaba –a hacer lo que más le gusta– jugar futbol. A sus 22 años, de complexión delgada, piernas largas, sin ningún vicio encima se distinguía mucho por lo diligente en el campo, la forma de arrancar el césped a su paso. Su dote lo llevó a ser considerado seleccionado estatal y amateur en muy poco tiempo. Su rapidez era nata.
Como una estrella rutilante se dibujaba su futuro. Y el amor que todo lo puede, lo alejó de su futbol y nada se hace sin estar convencido de ello. Su matrimonio lo volvió laborioso, feliz y con grandes planes por venir.
Hasta aquella tarde del accidente automovilístico, cuya variación de vida lo llevó a un espacio deprimente. Una lesión en sus vertebras lo dejó postrado para siempre a una silla de ruedas. La vida cambia sin avisar, envuelve sentimientos, calla palabras en exterior para ir enterrándolas en interior y al final dejarlas salir como una lágrima.
Cubrió la mirada en la oscuridad de su cuarto. Su cuerpo escuálido y sórdido solo veía la luz cuando su esposa le llevaba los alimentos, de ahí, nada.
–¿Emilio, amor, no puedes seguir así?—le imploraba ella.
–¡Déjame solo por favor! –repetía sin pensar , apartándola de él.

Los que lo conocían, desistían en sus palabras para no hundirlo moralmente. Cuando su esposa con su amor logró llevarlo a un parque y hacerle sentir el viento, tocar el espacio tangible de la vida, que a pesar de no serlo para sí mismo era llenar de esperanza su mirar.
La esperanza se le acercó. Aquella pareja, ambos en silla de ruedas, muy sonrientes se presentaron, charlaron de cosas comunes, menos de sus tragedias. Traían chamarras deportivas y sus sillas de ruedas modificadas, para competencias. Emilio levantó el ánimo y escuchó atento todo, comprometiéndose a visitar el gimnasio de donde son dirigentes.
–¿Mira Emilio, sino te hago volar…me voy caminando? –algo irónico el chiste, pero logró hacerlo sonreír.
Escuchar el testimonio de todos los ahí presentes dibujo en él, un rostro impávido y dispuesto a vencer retos. La comunidad llamada “Esperanza “, lo forman una veintena de discapacitados en sillas de ruedas, dedicados a hacer ejercicio, prepararse para poder competir en selectivos estatales que posteriormente si salen seleccionados, representarían al estado y de ahí a la selección nacional de Olimpiadas Especiales –la idea le parecía magnifica– sería conocer otros estados, países, otras gentes comunes y lograr ser alguien: lo más importante.
Cada rastro de su rodada hacía una utopía en su futuro. Se volvió competente, veloz con sus brazos, arma fuerte y vital, modificando sus piernas para otros tiempos. Se llenó de aire el pensamiento y el corazón desde ahora. Buscó en las competencias una manera de ver la vida y llevarla sobre ruedas.
Ahora su cuarto se llena de luz, partieron todas las razones del miedo, se oye risas de niños y su oxigenación lo es su esposa, sombra y voz que guía, que le aplaude sus triunfos y fracasos, no… ¡Esos, ya no más!
Sus 27 años, se transformaron en un chico de 18, rompió récord, derrumbando barreras, se colgó preseas, hasta llegar a líder de la agrupación “Esperanza “. Le devolvió tanto a la agrupación que en señal de agradecimiento, hoy, sin notas adjuntas trabaja en cada persona que vea sobre una silla de ruedas y con la mirada incierta hasta llevarlo a romper marcas. La meta abrigar y ser inasible, paso a paso hasta la cima para poder decir: “VIDA NADA ME DEBES, VIDA ESTAMOS EN PAZ “.

FIN.

José  García .

Miradas by mabm

enamorate de las cosas sencillas,el amor no es complicado.

TEJIENDO LAS PALABRAS

elpoderdelasideas http://www.elpoderdelasideas.com

Hay miradas que enamoran, que te erizan la piel y te vuelcan el corazón. Es increíble como alguien, sin ni siquiera tocarte, puede provocarte todas esas sensaciones. Y a las palabras de Bécquer me remito cuando dice que “el alma que hablar puede con los ojos, también puede besar con la mirada”. Incluso me permito la pequeña licencia de añadir y “hacer el amor con la mirada”.

A las anteriores les preceden los juegos de miradas, cómplices, pícaras; que te pillo mirándome y apartas la vista, que me pillas mirándote y miro para otro lado. Pero estas ahora parecen obviarse, es como si el cortejo hubiera dado paso al mercadeo; pero para mi son importantes.

Las hay también que matan, que te fulminan como si de un rayo se tratara. Aunque puestos a llevar la contraria, no es verdad, algunas solo te hieren, de muerte, pero no te matan…

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SIN MAQUILLAJE(POR: JOSÉ GARCIA)

la lucha tiene una pausa de fe

josÉ garcia

Por las rendijas de las ventanas comienzan a aparecer los primeros trazos de luz. Llueve. Los rítmicos sonidos sobre las tejas del techo lo anuncian. Atravesé la mirada por la ventana y descubrí el arco iris. La lluvia ya no es fuerte.  Mi cuarto queda en la parte de arriba,  junto al de mamá y al de  mi hermana Alice.

Hoy es lunes, Alice debe estar en la escuela  y boli como le llamo, pero su nombre es Elena– lo más seguro en la cocina–, ¿Si, ya oí la licuadora?

Hace días me cuesta trabajo bajar las escaleras. Tal vez sea por la humedad como bien dice la abuela, pero siento que no es eso .A mis ocho años tengo las fuerzas necesarias para bajarlas y dar de brincos .Dejé la escuela hace dos semanas por un desmayo y dos días en calentura. Ahí comenzó las vueltas al doctor sin…

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